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 En política exterior, de regreso a Echeverría y López Portillo
 
 03/06/2010 14:58:05
sergiosarmiento
1316 mensajes
1º


En política exterior, de regreso a Echeverría y López Portillo

Contenido

Jaque Mate

Sergio Sarmiento

Mayo 2010

 

            Durante mucho tiempo los políticos mexicanos trataron de responsabilizar a los Estados Unidos por la pobreza y la falta de progreso de nuestro país. Culpaban a los gringos hasta de robarse la lluvia. El hecho de que los campos y las ciudades de la Unión Americana estuvieran verdes, mientras que en México toda superficie estaba cubierta de polvo, era considerado como prueba de que incluso el agua se llevaban los vecinos. Nadie parecía percatarse de que en Estados Unidos los gobiernos invertían dinero en infraestructura que permitía irrigar las áreas verdes de ciudades y los campos.

            Los políticos mexicanos actuaban bajo el embrujo de una actitud que se reflejaba en una frase que se le atribuye usualmente a Porfirio Díaz: “Pobre de México. Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.”

            Luis Echeverría y José López Portillo buscaron como presidentes liberar a México de la dependencia de los Estados Unidos y colocarlo como líder del tercer mundo y de Latinoamérica. El presidente Felipe Calderón ha querido regresar a esas viejas políticas y ha despreciado la relación con la Unión Americana para tratar de construir vínculos más estrechos con Latinoamérica. Esta decisión, sin embargo, no sólo no prosperará sino que al final puede resultar muy perjudicial para México.

            A casi tres años y medio de gobierno, por increíble que parezca, el presidente Felipe Calderón no ha hecho una sola visita oficial a Washington. Ha viajado a Estados Unidos para asistir a reuniones cumbre o a la Asamblea General de las Naciones Unidas, pero hasta el momento no ha hecho una visita oficial a Washington. En cambio ha hecho viajes oficiales a casi todos los países de Latinoamérica y a muchos otros del mundo.

            La reunión del Grupo de Rìo y del Caricom, la comunidad de paìses caribeños, que México organizó en Cancún a fines de febrero fue una clara indicación de la nueva política tercermundista del presidente Calderón. El propósito de la cumbre era crear una organización panamericana alternativa a la OEA y que específicamente excluyera a Estados Undios y Canadá. Pero curiosamente, el presidente Calderón, que ha tratado de fortalecer la independencia de México ante Estados Unidos, ha permitido que lo manipule abiertamente Hugo Chávez de Venezuela.

            México, como se percataron los presidentes Echeverría y López Portillo cuando trataron de seguir en los años setenta y principios de los ochenta las políticas que hoy persigue el presidente Calderón, no tiene mucho que ganar en su intento por acercarse a Latinoamérica y sí mucho que perder por un distanciamiento de Estados Unidos. Alrededor de un 80 por ciento del comercio internacional de nuestro país y de las inversiones internacionales que recibimos son producto de la relación con Estados Unidos. La Unión Americana es también el destino de casi toda nuestra población emigrante y el origen, en consecuencia, de virtualmente todas las remesas que el país recibe del exterior.

            El comercio con los países de América Latina no alcanza ni siquiera el 5 por ciento de las transacciones de nuestro país con el exterior. Pero, además, la economía de Estados Unidos es complementaria de la mexicana, mientras que las de los países latinoamericanos resultan más bien competitivas con la nuestra. Las empresas estadounidenses pueden recurrir a la mano obra mexicana y crear empleo en nuestro país, mientras que los productos mexicanos se benefician de las amplias redes de distribución de las empresas estadounidenses. Una de las razones por las que autos hechos en México se venden en países muy distintos del mundo, por ejemplo, es porque las empresas de Estados Unidos tienen una capacidad global de distribución. Los países de Latinoamérica, en cambio, suelen ofrecer los mismos productos y servicios que nosotros aportamos al mundo.

            No solamente no nos conviene regrear a los tiempos de Echeverría y López Portillo en materia de política exterior, porque nuestra relación económica natural es con los Estados Unidos, sino que además al dar este vuelco a la política exterior el presidente Calderón se ha prestado a ser manipulado por el presidente venezolano Hugo Chávez.

            Uno de los desplantes políticos más significativos del presidente Calderón en la cumbre de Cancún fue invitar al presidente Raúl Castro de Cuba. Esto no habría sido posible en el caso de una cumbre en la que estuviera invitado también el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Hay que recordar lo que pasó en la cumbre de Monterrey de 2002, cuando el entonces presidente Vicente Fox le dijo a Fidel Castro “Comes y te vas”, para evitar que se encontrara con el presidente estadounidense George W. Bush.

            Pero en lugar de hacer una verdadera cumbre de unidad para todos los latinoamericanos como pretendía, el presidente Calderón se ciñó a la agenda política de Chávez y aceptó no invitar al presidente de Honduras, Porfirio Lobo. El argumento del gobierno de México fue que Honduras no era realmente un país democrático, a pesar de que el presidente Lobo no sólo ganó una elección democrática sino que lo hizo viniendo de un partido de oposición, cosa que simplemente no ocurre en los países no democráticos.

La exigencia de que los países invitados a Cancún fueran democráticos se obvió en el caso de Cuba, un país que no ha tenido ninguna elección democrática desde 1959. La verdad es que el presidente Calderón simplemente cedió a las presiones del presidente de Venezuela, quien no habría asistido a la cumbre en caso de que Honduras hubiera sido invitada o Cuba excluida.

            El presidente Calderón ha cometido un doble error al regresar a las politicas de Echeverría y López Portillo. El futuro económico de México está en una relación sólida y justa con Estados Unidos. Es sobre ella que debemos trabajar; Latinoamérica no es una solución para la economía nacional. Pero mucho menos lo será si, para volver la vista al sur, aceptamos la agenda política del autoritario presidente de Venezuela Hugo Chávez. 

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