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 Hernán Rivera Letelier
 
 31/08/2010 10:14:23
sergiosarmiento
1228 mensajes
1º


Hernán Rivera Letelier

México, D. F., 23 de julio de 2010.

 

 

VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA ENTREVISTA CONCEDIDA POR HERNÁN RIVERA LETELIER, ESCRITOR, AL PERIODISTA SERGIO SARMIENTO, CONDUCTOR DEL PROGRAMA “LA ENTREVISTA CON SARMIENTO”, DE TV AZTECA.

 

 

 

SERGIO SARMIENTO: Amigos, qué tal, sean ustedes bienvenidos a La Entrevista. Hoy se encuentra con nosotros el escritor chileno Hernán Rivera Letelier, él es autor de la novela “El arte de la resurrección”. Hace ya muchos años, ni siquiera recuerdo cuántos años, tuve la oportunidad de conversar aquí en este espacio con un escritor chileno que resultaba realmente inusitado. Él acababa de publicar una novela que se llamaba “La reina Isabel cantaba rancheras”, una novela que era completamente distinta a lo que estábamos habituados muchos lectores, y era un escritor también distinto, un escritor que había estado trabajando en las minas, que había decidido empezar a escribir para poder comprar la cena de ese día, para poder paliar el hambre. Y desde entonces ha tenido una carrera literaria bastante importante. Entre sus obras se cuentan esa misma “La reina Isabel cantaba rancheras”, “El himno del ángel parado en una pata” y “Romance del duende que me escribe las novelas”. Él acaba de publicar, y es una novela que ganó el Premio Alfaguara de Novela 2010, una nueva obra que se llama “El arte de la resurrección”. Y para mí es un gusto recibir nuevamente a Don Hernán Rivera Letelier, el minero convertido en novelista, aquí en La Entrevista con Sarmiento.

 

          Don Hernán, gracias por estar con nosotros.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Muy amable por invitarme de nuevo.

 

SERGIO SARMIENTO: Lo primero que veo es que se sigue divirtiendo escribiendo sus novelas. “El arte de la resurrección” es una novela irreverente, es una novela que rompe nuevamente esquemas, es una novela que me da la impresión que lo divirtió a usted también. Cuénteme un poco.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Sí, escribir esta novela fue realmente una fiesta. Era un personaje que me seguía desde que yo era niño.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Domingo Zárate?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Domingo Zárate Vega, el Cristo de Elqui, un tipo que se creía la reencarnación de Cristo y que predicó durante 22 años en mi país, y por ese desierto donde yo trabajaba pasó un montón de veces, pero antes de yo nacer, digamos. Pero yo me crié escuchando historias de este Cristo. Entonces desde niño se me apareció como un personaje para contarlo y cantarlo. Y cuando me puse a escribir él apareció en “La reina Isabel cantaba rancheras”, está en una cena de una página y media.

 

SERGIO SARMIENTO: Sí, creo que sí.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Y se me volvió a aparecer en mi cuarta novela y en mi novena novela. Entonces yo dije, no, este Cristo quiere que yo lo cuente.

 

SERGIO SARMIENTO: Que lo cuente bien.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Claro.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Qué tanto de esto es verdad, qué tanto es la imaginación de usted con las anécdotas que le han contado?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Yo mis novelas las escribo y son mitad ficción y mitad historia, hago una mezcla. Aquí hay más ficción, porque pude encontrar muy poco de él, así que tuve que inventar mucho. Bueno, es una novela. Es malo que el escritor sepa mucho de su personaje o del hecho que va a contar, porque si no se vuelve una crónica. Hay que dejarle alas a la imaginación. Entonces lo que yo hice fue como recrear a un Cristo, a imagen y semejanza de como a mí me hubiese gustado encontrar al Cristo de los evangelios. Yo me crié leyendo la Biblia, en mi casa era el único libro que había y los evangelios los leí no sé cuántas veces, echaba en falta el sentido del humor en Cristo, echaba en falta que Cristo fuera más humano. Entonces lo que yo hice con este Cristo es hacerlo a imagen y semejanza de como a mí me hubiese gustado encontrar.

 

SERGIO SARMIENTO: Domingo Zárate recorre la tierra chilena, predica, y llega hasta Santiago, así como si fuera una moderna Jerusalén, ¿no es así?, cuéntenos de este arribo a Santiago.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Bueno, él aparece predicando en el año 31, aparece de los cerros del Valle de Elqui, vestido con una túnica, con sandalias, con el pelo largo, la barba larga, diciendo que el fin del mundo se acerca y que él era el Cristo, qué sé yo, y la gente comienza a seguirlo, la gente comienza a abandonar las iglesias, a dejar a los curas solos por ir tras de este Cristo. Entonces llevaba como tres meses de prédica y de pronto anuncia que él va a Santiago, a la capital, a hablar con el Presidente de Chile, que le dé la venia porque tiene que ir a Roma a conversar con su santidad, el Papa. Y se va a Santiago en un tren, un tren de tercera clase que paraba en todas las estaciones, y en cada estación que paraba había una multitud de creyentes, de gente que lo adoraba con velitas, con pancartas, qué sé yo. Y cuando llega a Santiago, en Santiago hay una multitud de más de diez mil personas esperando a este Cristo en la estación. Entonces las autoridades eclesiásticas se coaligaron con la autoridad, el gobierno de la época…

 

SERGIO SARMIENTO: Me suena, me suena, las autoridades…

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Y una estación antes de llegar a Santiago se sube la policía, baja al Cristo de Elqui, lo suben a un carro y se lo llevan al manicomio, y lo encierran en ese manicomio por seis meses y medio. Pero a la salida él empieza de nuevo a predicar, y en verdad fue apoteósico, el tipo anduvo predicando casi 22 años.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Cuál era el credo, qué era lo que predicaba este Cristo de Elqui?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Bueno, él tenía un evangelio propio, el evangelio de las cosas simples o los pensamientos en bien de la humanidad, decía él. Él predicaba el advenimiento del fin del mundo, pero además predicaba en contra de la explotación, en contra de la injusticia, estaba como del lado de los obreros. Entonces la gente humilde lo quería mucho. Ahora, él no practicaba el voto de castidad, que era un gesto muy humano.

 

SERGIO SARMIENTO: Parece que no, que todo lo contrario, él consideraba que el sexo era bueno.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Exacto, él se guiaba por ese versículo bíblico que dice “id y multiplicaos sobre la faz de la Tierra”. Y él pensaba que una de las mayores aberraciones sexuales era la abstinencia sexual, y yo estoy muy de acuerdo con lo que pensaba él.

 

SERGIO SARMIENTO: Bueno, encontró su María Magdalena, ¿no es así?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Claro. Ésta es una novela que se cuenta en dos tiempos, hay una historia que transcurre en quince días, cuando él llega a predicar al desierto por undécima vez y alguien le cuenta que en un campamento más al norte hay una prostituta beata, una puta casi santa. Y él andaba buscando a su Magdalena y entonces dice, “esa es la mujer bíblica que yo ando buscando”. Entonces la historia cuenta los avatares que sufre este Cristo para ir en pos de esta prostituta y de convencerla de que se haga su discípula y que lo siga, predicando y qué sé yo. Y en otro tiempo se cuenta la historia de este Cristo desde que nace hasta que muere en el año 72, en Santiago de Chile, muere completamente olvidado, muy pobre, en una casita muy humilde. Y lo que me enteré cuando yo estaba escribiendo esta novela es que muere vendiendo guitarras, él sus últimas días fabricaba guitarras y vendía en el barrio. O sea, un Cristo que termina sus días vendiendo guitarras fue una imagen que me gustó mucho.

 

SERGIO SARMIENTO: Cuéntenos de esta María Magdalena, Magdalena Mercado, porque además ella misma parece que era muy popular allá entre los mineros de su tierra, ¿no es así?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Era la única prostituta que había en el campamento, que le llamaban “La Piojo” al campamento, y ella era la única prostituta y tenía una imagen de la Virgen del Carmen en la pieza donde fornicaba, y cada vez que entraba un cliente ella decía “un feligrés”, le tapaba la cara a la Virgen con un paño azul…

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Para que no viera?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Exacto, y le decía, “voy y vuelvo, chinita”. Bueno, la historia de esta prostituta es muy triste. A ella la dejan abandonada a la puerta de una iglesia en su pueblo y la recoge una familia muy beata que vivía junto a la iglesia. Entonces ella se cría prácticamente en la iglesia, ayudándole al cura en el aseo de la parroquia, a hacer misa, y leyendo los libros sobre la vida de los santos. Y ella a lo único que aspira en esta vida es a convertirse en santa. Pero el curita de la parroquia comienza a abusarla sexualmente desde los cinco años de edad y al final termina convertida en una prostituta. Por ahí hay una pregunta que ella deja suelta, como al aire, y dice, “¿y si en verdad la prostitución no fuera también una especie de santidad?”.

 

SERGIO SARMIENTO: Bueno, de hecho hay un momento en que los mineros protestan incluso porque los han dejado sin su Magdalena, ¿no es así?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Claro, cuando el Cristo llega al campamento los obreros están en huelga, y uno de los puntos que piden es que no echen a la Magdalena del campamento, porque el administrador está muy enojado con ella y la quiere echar. Y los mineros exigen en el pliego de peticiones que no la echen, y la echan igual, y la van a buscar a su casa, en un camión le cargan todas las cosas y la van a dejar a la línea del tren, como a dos kilómetros de distancia. Y allí, en plena Pampa, junto a la línea del tren, ella arma su catre, su cama, y se pone a recibir a sus clientes ahí, en pleno desierto, una cama en pleno desierto.

 

SERGIO SARMIENTO: Hernán, ¿Magdalena sí es un personaje real o es un personaje que inventó usted para acompañar al Cristo de Elqui?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Ese es un personaje que me nació de pronto y está hecho con retazos de prostitutas que yo conocí en La Pampa. En esa Pampa, en ese desierto hubo más de 300 campamentos mineros y en cada uno de ellos había prostitutas, y la relación que se produjo entre la prostituta y el minero iba mucho más allá del mero comercio sexual, era una relación de amistad, de lealtad. Cuando al minero le faltaba plata, por ejemplo, ellas le fiaban el polvo y se lo anotaban en un cuaderno, y pobre del que no pagara porque se lo cobraban en la plaza pública. Entonces este personaje cuando se me ocurrió lo empecé a crear con imágenes, con recuerdos de esta prostituta que yo conocí desde muy niño. Había una, por ejemplo, que le decían “La azuquítar con leche” en el campamento donde yo me crié. Era una rubia bellísima, ojos verdes, pero tenía una cicatriz que le atravesaba toda la mejilla. Y yo era un niño de ocho años, de siete años, que me mandaban a vender pan amasado. Yo iba a la calle de las prostitutas, la primera calle a la que yo iba era a ésa, a vender el pan, y ver a esta mujer con la cicatriz, con el costurón en la mejilla me causaba una especie de fascinación, era como estarle viendo la parte íntima, era una cosa muy rara. Y aprendí a querer a esta mujer y en todos mis libros aparece alguna, es un canto de ternura lo que yo hago a estas mujeres, porque yo siempre digo, si ser puta en cualquier parte del mundo ya es fuerte…

 

SERGIO SARMIENTO: Es difícil, sí.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Serlo ahí en ese desierto es casi heroico.

 

SERGIO SARMIENTO: Cuando conversamos la primera vez, hace ya muchos años, le preguntaba que por qué había empezado a escribir, me dijo “por hambre, había que pagar la cena”. Pues han pasado ya muchos años, ¿sigue teniendo hambre o ya el hambre quedó atrás?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Sigo teniendo hambre de espiritualidad, de cultura. Soy un tipo que no se conforma con lo que ha hecho. Me ha ido muy bien. Empecé escribiendo con hambre, el primer poema lo escribí por hambre, porque había un concurso cuyo primer premio era una cena en un hotel. Pero sigo escribiendo, me ha ido muy bien, he publicado once libros, me han traducido a varios idiomas. Yo digo que no creo en Dios, pero sé que Dios cree en mí y que me quiere mucho, y me ha ido muy bien.

 

SERGIO SARMIENTO: Eso es lo contrario de lo que suele ocurrir, porque muchas veces la gente cree en Dios y Dios es el que no cree en uno.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Claro, ¿pero cómo va a creer en alguien que dice que cree en Dios y no va nunca a misa, y pega todos los días?

 

SERGIO SARMIENTO: Y es abusivo. ¿Usted va a misa en alguna ocasión?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: No, yo me vacuné contra las religiones cuando era niño, yo me crié en una casa de padres evangélicos, entonces yo me crié leyendo la Biblia, cantando himnos a los ángeles, yendo al culto, yendo a predicar a la calle, pero eso fue hasta que me solté de la mano de mi padre. A los 12 años nunca más fui. Y ahora ya no creo en las religiones, no tengo religión, las respeto, por supuesto, pero mi religión, cuando necesito religión, cuando necesito espiritualidad acudo a la poesía, mi religión es la poesía.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Qué autores le gusta leer? Dejemos de lado las obras que le gusta escribir, que ya sabemos cuáles son, ¿qué obras le gusta leer, qué autores?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Yo, más que leer, lo que hago ahora es releer, y a los autores que me enseñaron a escribir, porque yo nunca tuve una clase de literatura, nunca fui a la universidad, la única vez que pasé por la universidad fue una vez que iba al estadio, pasé cerca. Pero a los que releo siempre es a los escritores de los 60, de los 70. Y si yo tuviera un auto, si yo alguna vez me comprara un coche, que no tengo ni pienso comprarme, pero si lo tuviera, yo le pondría “Rulfo es mi copiloto”.

 

SERGIO SARMIENTO: Juan Rulfo. ¿”Pedro Páramo”?, hay algunos fragmentos de “El arte de la resurrección” que de alguna manera sí me recuerdan al “Pedro Páramo”.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: A mucha honra, porque es mi gran maestro. Bueno, está Rulfo, está por supuesto Cortázar, está García Márquez, Leopoldo Marechal, está Vargas Llosa, está Cabrera Infante, Lezama Lima, en fin, todos los escritores que me enseñaron que yo podía contar y cantar a mi aldea y hacerlo de manera universal. Yo cuando trabajaba en la mina, y los viejos descubrieron que yo escribía en mis tiempos libres, yo conversaba con ellos y les decía, miren, yo tengo un sueño. ¿Por qué siempre tenemos que leer libros con historias que transcurren en lugares tan exóticos como en París, en Pekín, en Madrid, en Buenos Aires, en Santiago de Chile? ¿Por qué no escribir la historia nuestra, y escribir un libro con nuestra historia que transcurra acá en La Pampa? Y que ustedes sean los personajes de ese libro, y que ese libro se lea en París, en Lisboa, en Nueva York. Era un sueño y seguramente cuando yo me iba ellos se quedaban conversando y diciendo “este tipo está medio loco, déjenlo en su desvarío”. Pero ese sueño está convertido en una realidad hermosísima, y lo digo con mucho orgullo, porque la historia de esa gente, de mis amigos, de mis compañeros de trabajo, la historia de mi viejo, que fue un minero desde siempre, que se murió de la silicosis, esas historias están leyéndose en dos continentes, me han traducido a casi once idiomas y se enseñan en los colegios, en las universidades. En ese aspecto yo me considero también como el Cristo de Elqui, me considero un predicador en el desierto, haciendo milagros incluso, porque el milagro que estoy haciendo es resucitar esta historia que estaba como muerta, que nadie ya la recordaba casi, y la resucité y la escribí y se la mostré a la gente joven.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Usted ha publicado, me decía, once novelas?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Once novelas y un libro de cuentos.

 

SERGIO SARMIENTO: Bueno, eso implica estar trabajando todo el tiempo, me imagino que debe ser usted muy disciplinado en su trabajo cotidiano.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Soy lo más antidisciplinado, antimetódico…

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Y cómo hace para terminar tantos libros?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Escribo todos los días.

 

SERGIO SARMIENTO: Bueno, entonces ahí hay una disciplina.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Claro, pero no tengo horario, por ejemplo, no me impongo horario, yo trabajé 30 años en la mina con un horario rígido, no me voy a autoimponer horario yo ahora. Escribo a veces en las mañanas, a veces en las tardes, a veces en las noches. Yo no tengo un método para escribir, yo escribo por intuición. Yo tengo una historia, más o menos en la cabeza, pero que no sé los detalles ni sé a dónde voy.

 

SERGIO SARMIENTO: No hace un esquema, no tiene programada la trama.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: No hago mapas, ni esquemas, ni hojas de ruta, nada, sería una lata para mí empezar a hacer eso. Yo me siento a escribir como Colón se tiró al mar, nada más que guiado por las estrellas. Si llego a las Indias es una novela que puede que esté lograda, pero si a mitad del camino…

 

SERGIO SARMIENTO: Se encuentra con un mundo nuevo, mejor.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Los personajes se sublevan, se toman el barco y nos perdemos, y descubrimos América, esa es la gran novela.

 

SERGIO SARMIENTO: Y esta novela, “El arte de la resurrección”, ganó uno de los premios más prestigiosos de la literatura en habla española, que es el Premio Alfaguara. ¿Cómo fue que se le ocurrió enviar la novela a este premio?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Cuando llevaba como la mitad de la novela y vi que había novela, que la tenía pescada de la cola, que ya no se me iba, y que el tono y el lenguaje iban bien, dije, no, esta novela no la voy a publicar al tiro ya, sino que voy a dejarla para un premio importante. Hablé con mi agente, le mostré la novela y dijo, “sí, podría ser, dijo, vamos a intentarlo”. Y la mandamos al premio.

 

SERGIO SARMIENTO: Son concursos muy competidos, hay cientos de propuestas y además de algunos de los escritores más reconocidos de todo el mundo de habla española.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Llegaron 539 obras, creo, a este premio. Ahora, el día que me llaman, un 22 de marzo, a las ocho y media de la madrugada, estaba durmiendo por supuesto, y me llaman de España para decirme que me gané el Premio Alfaguara, me preguntan qué es lo que siento, y yo les digo, bueno, aparte de sueño, yo les contaba que cuando envié la novela, cuando ya la terminé, la pulí, la corregí setenta veces siete, la mandé con la convicción absoluta de que yo me ganaba ese premio. Ahora que me decían que me lo gané no podía creerlo. Pero el peso de este premio, que es uno de los premios más importantes, como dicen, de habla hispana, uno de los premios con más prestigio que está quedando, fíjese que no le tomé el peso hasta que en la calle, la gente común y corriente me paraba en la calle para decirme, “oiga, cuando nos enteramos de que usted se ganó el Premio Alfaguara lo celebramos en la casa como que si lo hubiéramos ganado nosotros”.

 

SERGIO SARMIENTO: Esto es en Antofagasta, me imagino, que usted debe ser un personaje muy reconocido.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Soy como parte del paisaje ya.

 

SERGIO SARMIENTO: Me lo imagino. ¿Qué tan grande es Antofagasta?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Antofagasta es una ciudad pequeña, tiene 300 mil habitantes, todavía conserva ese aire de pueblo que a mí me encanta.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Cuántos bares tiene?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: La noche antofagastina está llena de calles del pecado, como yo les llamo, porque ahí están las más grandes minas del mundo, las minas de cobre, y donde haya un minero siempre habrá una prostituta, es como la pareja clásica.

 

SERGIO SARMIENTO: Y sale usted a explorar, me imagino, que para preparar nuevos trabajos literarios.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Hay gente que cree que yo soy el rey de las putas, y es mentira, o sea, yo soy el tipo más casero que hay. Tengo una imaginación casi desbordante, eso sí. Hace poco fue un periodista uruguayo a Antofagasta a hacerme una entrevista. Hicimos la entrevista en el café al que yo voy siempre, y después de la entrevista el tipo me dice “me gustaría que me mostraras la noche antofagastina, porque quiero divertirme un rato”. No tenía idea a dónde llevarlo, fue una vergüenza.

 

SERGIO SARMIENTO: Hay algo casi místico en esta figura de un Cristo que recorre el desierto, que recorre Chile, que está buscando por supuesto dar a conocer una nueva filosofía, dar a conocer una nueva religión, y lo curioso del caso es que un hombre como usted, que no se considera religioso, es quien ha capturado este Cristo de Elqui. ¿Qué se siente, por qué lo hace, por qué un personaje de esa naturaleza, por qué un personaje religioso le llamó tan poderosamente la atención?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Tal vez fue por lo que contaba al principio. O sea, yo me crié en un mundo evangélico, acompañando a mi padre…

 

SERGIO SARMIENTO: Pero había un rechazo también a ese mundo por parte de usted, ¿no?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Desde niño yo nunca tuve esa fe que tenían mis hermanos, mis hermanas, y que cantaban con un éxtasis casi. Yo siempre fui como descreído. Y escribí esta novela un poco también con descreimiento. Éste es un Cristo completamente humano, más que divino. Es un Cristo con contradicciones, es un Cristo con errores, es un Cristo que se ríe de sí mismo. Quise plasmar de algún modo como yo me siento frente a lo religioso. Pero yo siempre digo, si Dios existe yo creo que me quiere más a mí, que dudo, que al tipo o a la tipa que se cree tener la verdad agarrada de las barbas. Yo digo, ¿quién soy yo para decir que Dios no existe, pero también quién soy yo para decir que Dios existe? ¿Entonces qué es lo que me queda?, nada más que la duda. Y si Dios existe me va a querer mucho más a mí.

 

SERGIO SARMIENTO: Por ahí decían que, Nietzsche, quien decía que Dios ha muerto, y decía Dios, “bueno, yo no sé si yo haya muerto, pero tú no existes”. Para empezar, ¿no ha tenido problemas, no ha tenido cuestionamientos en una ciudad como Antofagasta por el tono a veces irreverente, a veces irreligioso de la novela?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Fíjese que no, incluso antes de publicar el libro teníamos que sacarnos una foto con una cruz en un cerro, fui a la catedral, hablé con el obispo, me prestó la cruz, no sabía si la historia del cura ahí iba a entrar en la novela, y los sacerdotes algunos han leído la novela y les ha gustado. Porque sí hay una crítica, pero una crítica hecha con respeto también.

 

SERGIO SARMIENTO: Hay de hecho una obsesión de muchos escritores por recrear la figura de Cristo, estoy pensando en Nikos Kazantzakis, que en “En la última tentación de Cristo” nos mostró un Cristo distinto, y con cierta frecuencia se sacan distintos tipos de Cristos, distintos tipos de Jesús. ¿Usted siente quizás que este Jesús es más cercano al original, independientemente de cualquier cosa?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Me gustaría que fuera más cercano al original, me hubiese gustado mucho que el Cristo fuera como este Cristo, el Cristo de los evangelios fuera como este Cristo, que era un Cristo muy humano. Ahora, yo pienso que nosotros como seres humanos necesitamos siempre un Mesías, un iluminado, un Cristo que nos guíe hacia algo, somos hambrientos de espiritualidad.

 

SERGIO SARMIENTO: Que a veces es un dirigente religioso y a veces es un dirigente político, por ejemplo.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Exacto, el mundo de la política está lleno de falsos Cristos, de falsos iluminados, Mesías con pies de barro. Pero la gente los sigue porque la gente está necesitando algo espiritual, algo místico. Por ejemplo, ahora que las religiones están como en decadencia, con todo lo que ha pasado con los curas, los escándalos, está como apareciendo una religión nueva, que son los libros de autoayuda. ¿Se ha dado cuenta que todo el mundo lee libros de autoayuda, como que todo el mundo está enfermo? Y es eso, es falta de misticismo, de espiritualidad, algo que nos guíe. Yo creo que vamos a tener que escribir un libro sobre cómo librarnos de los libros de autoayuda, y va a ser un libro de autoayuda también.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Y ya ha empezado a escribir su nueva novela?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Sí estoy escribiendo, no estoy metido en un foro, estoy escribiendo tres novelas a la vez.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Tres novelas a la vez?

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Sí, había estado escribiendo antes dos, pero nunca había estado escribiendo tres, y estoy contentísimo porque es un placer, es como tener a tres mujeres a disposición, si se te taima una te vas con la otra. Una transcurre en el desierto y dos transcurren fuera del desierto. Estoy entusiasmadísimo, este viaje me ha servido mucho, porque los tiempos muertos que tengo ando con mi computadora y ahí escribo.

 

SERGIO SARMIENTO: Pues yo quiero agradecerle, don Hernán Rivera Letelier, autor de “El arte de la resurrección”, novela ganadora del Premio Alfaguara 2010, por haber estado con nosotros en La Entrevista.

 

HERNÁN RIVERA LETELIER: Fue un placer.

 

SERGIO SARMIENTO: Y a usted, amigo televidente, que hace posible este programa, se lo agradezco también. Eso es todo por hoy, pero no se le olvide, nos vemos la próxima.

 

 

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