Jaque Mate
8 abr. 07
París.- Francia tendrá su primera vuelta de elección presidencial este próximo 22 de abril. Y la contienda se presenta realmente competida.
Nicolas Sarkozy, el candidato de la derecha, ex ministro del interior del presidente Jacques Chirac, hace campaña con la propuesta de reducir impuestos, que en Francia han llegado al 70 por ciento de los ingresos personales, y de redoblar los esfuerzos en contra de la inseguridad.
Ségolène Royal, la candidata del Partido Socialista, ha cambiado sus propuestas tras una accidentada primera parte de la campaña, en la que ha cometido muchos errores, y hoy está proponiendo reducir los impuestos de las empresas y generar una mayor actividad económica que permita atender las necesidades de los más pobres.
Francois Bayrou, la gran sorpresa de la primera parte de la campaña, se ha fortalecido presentándose como un candidato equidistante de la izquierda de Royal y la derecha de Sarkozy. Se encuentra ya muy cerca de los dos primeros lugares, si bien en las últimas semanas su popularidad ha perdido algo de ímpetu.
Jean-Marie Le Pen, el candidato de la ultraderecha, hace campaña ahora como lo ha hecho otras veces en el pasado con la propuesta de impedir el ingreso de inmigrantes ilegales y de mantener una cultura realmente francesa.
Detrás de estos cuatro, hay otros ocho candidatos. Pero todo parece indicar que la contienda se decidirá entre los primeros dos o tres. En el sistema francés, se registra una votación de dos vueltas. Los dos primeros lugares de la elección del 22 de abril se enfrentará en mayo en una votación definitiva.
Francia es un país de gran prosperidad. Pero en los últimos años ha estado perdiendo lugares en comparación con otros países, como Irlanda y la Gran Bretaña, que la han rebasado. Tiene también una tasa de desempleo de cerca de 9 por ciento de la población económicamente activa, casi el doble que esos dos rivales que se encuentran al otro lado del canal de la Mancha.
Muchos de los candidatos a la presidencia, incluida la socialista Royal, hablan de la necesidad de hacer reformas estructurales que le den un nuevo vigor y vigencia a la economía francesa. Ya no es posible que Francia se distinga en el mundo por ser el país que tiene una semana de trabajo más corta, unas vacaciones más largas y contratos laborales más rígidos, por lo menos no si los franceses es ser más productivos, gozar de un mejor nivel de vida y reducir su elevada tasa de desempleo.
Francia tiene todo, por supuesto, para ser un país puntero en la economía internacional. En particular su sistema educativo es excelente y sus empresas han tendido sus redes por buena parte del mundo. Pero para recuperar el nivel que hace apenas algunos años llegó a tener, como el tercer país más próspero del mundo, detrás sólo de Estados Unidos y Alemania, tendrá que hacer un esfuerzo por volverse más productivo y por dar a sus contratos laborales un mayor nivel de flexibilidad.
Y esto es algo que sólo podrá impulsar un presidente que tenga un mandato muy claro de los franceses.
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