Sergio Sarmiento
Jaque Mate
17 jun. 07
La Secretaría de Hacienda ha venido preparando una propuesta de reforma fiscal que hasta el momento no se ha dado a conocer. La iniciativa podría ser de enorme importancia para el país. Se habla de la posibilidad de que se convoque a un período extraordinario de sesiones del Congreso de la Unión para discutir y en su caso aprobar esta reforma antes de que el 1ro de septiembre comience el nuevo período ordinario, en el cual se discutirán los presupuestos para el 2008. Pero ya sea en un período extraordinario o en los tiempos normales del Congreso, la verdad es que no hay reforma que pudiera ser tan importante para construir un país más próspero.
Ha habido mucha especulación pero pocas filtraciones concretas sobre lo que podría contener esta reforma fiscal. Se ha dicho que no se consideraría una aplicación generalizada del impuesto al valor agregado, IVA, a alimentos y medicinas, debido al costo político que esta medida podría tener. Pero se ha hablado de la posibilidad de que cuando menos algunos productos alimenticios y medicinales sí tuvieran ese gravamen y se dejara la exención solamente a una canasta básica. Esto sería lógico. En nada ayuda a los pobres el tener exenciones al IVA del caviar o el viagra.
Es muy probable que la propuesta de Hacienda elimine tratos especiales que se dan a una amplia gama de grupos de poder, desde transportistas y agricultores ricos hasta autores de libros. Pero si la experiencia nos dice algo, es que estos grupos, que tienen una gran influencia política, se opondrán amargamente a cualquier modificación en sus privilegios.
Una de las grandes sangrías al erario es la que generan las grandes empresas que, con regalías, precios de transferencia y contabilidad creativa, mueven sus utilidades a sus países de origen o a paraísos fiscales. Cerrar esos tratos especiales es una prioridad no sólo económica sino ética. No es justo que quienes más ganan paguen menos impuestos.
Pero también es indispensable simplificar el sistema fiscal. Mucha gente hoy no paga impuestos simplemente porque es muy complicado. En México, quien quiere pagar impuestos debe pasar por un sinnúmero de pasos burocráticos que vuelven imposible el cumplimiento de las obligaciones fiscales.
Cuando era candidato a la Presidencia de la República, el actual presidente Calderón prometió introducir un sistema de tasa única, o sea, un sistema radicalmente sencillo, como el que se está aplicando ahora en Rusia, que simplificaría el pago de impuestos y haría que todos tuvieran que pagar. La progresividad se lograría a través de una simple deducción universal. Sin embargo, hay muchas resistencias políticas a este tipo de sistema, especialmente de los grupos que no quieren perder sus tratos especiales.
Pero si no hacemos una reforma fiscal a fondo, que elimine privilegios y simplifique el pago de impuestos, no vale la pena siquiera hacer el esfuerzo. Para quedarnos como estamos, mejor no juguemos con las reglas. Porque eso es precisamente lo que se ha hecho a lo largo de los años cuando las propuestas de reforma se han convertido en meras misceláneas fiscales.
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