Jaque Mate
20 ene. 08
El agradecimiento del presidente Felipe Calderón a Francisco Ramírez Acuña --el ex gobernador de Jalisco que estuvo dispuesto, antes que nadie, en mayo del 2004, a demostrarle su apoyo en la lucha por la Presidencia de la República-- duró exactamente 13 meses y 15 días. Ése fue el tiempo que requirió el presidente para darse cuenta o de que Ramírez Acuña no funcionaba como él había pensado o que, simplemente, el presidente se había equivocado en lo que quería.
El duro semblante de Ramírez Acuña en la breve ceremonia en Los Pinos en que debió entregar el mando de la Secretaría de Gobernación al joven Juan Camilo Mouriño hablaba de su profunda decepción personal. Pero así son las cosas en la política en México o en cualquier otro país.
Nadie nos dijo nunca a los ciudadanos, sin embargo, cuáles fueron los errores de Ramírez Acuña. Por lo tanto no sabemos lo que deba corregir Mouriño en su nueva responsabilidad. En su discurso inaugural el nuevo secretario habló de la necesidad de continuar el diálogo, pero ésa es supuestamente la responsabilidad fundamental de una entidad a la que desde hace años se le quitaron los instrumentos de fuerza.
Al día siguiente de su toma de posesión, uno de los múltiples grupos de choque que tiene nuestro país, la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación, la CNTE, le dio una pequeña prueba del tipo de diálogo que tendrá que ofrecer. Unos 400 militantes de esta organización bloquearon los alrededores de la secretaría y se enfrentaron violentamente a la policía que trató de contenerlos. La razón es que nadie había salido a “dialogar” con ellos.
Finalmente vimos el ritual usual. Una delegación fue invitada a presentar un documento con exigencias. Y la CNTE ratificó que quiere que Gobernación anule la Ley del ISSSTE y obligue al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el SNTE, a emitir una convocatoria de renovación de liderazgo en los términos en que los desea la CNTE. Ninguno de estos temas entra dentro de la jurisdicción de Gobernación, pero eso a nadie le importa. Para los manifestantes las manifestaciones son una forma de empleo y para los funcionarios de Segob dar largas a los asuntos que no pueden resolver es una forma de vida.
Hay por supuesto asuntos más serios para la Secretaría de Gobernación. Lo más importante es lograr acuerdos con las diferentes fuerzas políticas en el Congreso para impulsar las reformas que el país necesita. Ya el año pasado se negociaron algunas reformas importantes, pero desafortunadamente no eran las que el país requiere. Ahora se avecina una nueva batalla en torno al sector energético. El país se está quedando sin petróleo por lo que es urgente encontrar nuevas inversiones para crudo, para refinados y para petroquímicos. Pero el PRD encabezado por Andrés Manuel López Obrador ha amenazado con incendiar el país si se debilita en un ápice el monopolio de Pemex sobre el sector.
No se puede dialogar con quien no quiere dialogar, eso es evidente. Pero Mouriño tiene la responsabilidad de hacerlo de una forma u otra. El país no puede seguirse desgarrando como ha ocurrido desde el siglo XIX. Y la responsabilidad de lograrlo le tocará en buena medida a este joven secretario de Gobernación.
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