Sergio Sarmiento
Jaque Mate
11 mar. 07
¿A qué viene el señor Bush a México? ¿Cuándo se acordó de que existe Latinoamérica? ¿Por qué, a dos años del fin de su mandato, cuando su proyecto político y en particular su intervención militar en Iraq han sido rechazados por los votantes estadounidenses, decide venir a la región olvidada?
La preocupación de última hora del presidente de los Estados Unidos es producto de la ola de populismo que ha cubierto buena parte de Latinoamérica y que se ha personificado en Hugo Chávez, el presidente de Venezuela. Súbitamente George Bush se da cuenta de que tiene que hacer un esfuerzo por rescatar la política exterior de su país en el propio continente americano.
Pero será difícil para Bush rescatar esta política. La verdad es que, en sus seis años de gobierno, el presidente de los Estados Unidos ha ayudado en mucho a destruir cualquier actitud positiva que pudiera haber existido en el exterior al respecto de su país.
De hecho, Bush perdió una enorme oportunidad creada por un momento trágico. Los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 generaron una oleada de simpatía hacia los estadounidenses en todo el mundo. Incluso aquellos que habían mantenido posiciones muy críticas frente a Washington, reconocieron la gravedad e injusticia del atentado. Pero el acercamiento emocional a la Unión Americana ha sido destruido por la invasión a Iraq y por los abusos a los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo. Las imágenes de Abu Ghraib y la injusticia de los encarcelamientos sin proceso de Guantánamo han tenido un costo político enorme.
El deterioro en la imagen de Bush ha sido muy marcado en la comunidad internacional. Pero incluso en el interior de los Estados Unidos --donde por razones de nacionalismo y de alarma ante la posibilidad de nuevos ataques terroristas se mantuvo durante mucho tiempo el respaldo a las políticas del mandatario-- las elecciones de noviembre del 2006 mostraron ya un cambio radical de actitud. El Partido Republicano fue derrotado por los demócratas de manera contundente. Y las encuestas de opinión claramente demuestran que la invasión de Iraq fue fundamental en este cambio.
Con esta derrota sobre sus espaldas, y en un momento en que está buscando no sólo disminuir sino aumentar la presencia militar estadounidense en la impopular guerra de Iraq, el presidente Bush se ha acordado súbitamente de la región olvidada… de Latinoamérica.
La gira por diversos países de la región, y que culmina en la reunión de Mérida con el presidente mexicano Felipe Calderón, busca ofrecer un contrapeso a la creciente influencia de Hugo Chávez en la región. Pero es difícil pensar que el presidente estadounidense pueda lograr un avance en este sentido.
Quizá Bush piense que su gira personal por Latinoamérica fortalece la imagen de su país. Pero ante los abusos del Servicio Secreto en su enorme operativo de seguridad, y el creciente deterioro de la imagen de Bush por razones diversas, la gira puede resultar contraproducente. Lejos de fortalecer a los Estados Unidos puede terminar convenciendo a muchos de que Chávez es realmente la opción a seguir.
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