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¿Quién los mandó?

A los muchachos de Ayotzinapa, la mayoría alumnos de primer año, muchos adolescentes, se les mandó como novatada al parecer a reventar el informe de la presidenta del DIF de Iguala del 26 de septiembre. Supuestamente lo que debían hacer los alumnos era botear y recaudar dinero para la causa, pero para eso no tenían que ir hasta Iguala, a más de tres horas de distancia, cuando tenían Chilpancingo a sólo 15 minutos. También dicen que iban a la ciudad de México a participar en las marchas del 2 de octubre, sólo que el enfrentamiento y secuestro masivo ocurrieron el 26 de septiembre, siete días antes de esas movilizaciones.

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Protestas y agendas políticas

El grito de protesta por Ayotzinapa se transforma en actos de agresión realizados por encapuchados. Este 5 de noviembre un grupo le prendió fuego a un vehículo del Metrobús en Ciudad Universitaria. Otro grupo, también en las afueras del campus principal de la UNAM, saqueó una tienda Seven Eleven. En Xalapa fue quemada la puerta del Palacio de Gobierno de Veracruz. La Autopista del Sol fue bloqueada durante seis horas, así como todos los accesos a Chilpancingo. Los bloqueos y saqueos de comercios y supermercados se han vuelto comunes en las protestas. También los actos de vandalismo. Hemos visto agresiones personales contra Jesús Zambrano, el ex presidente del PRD, mientras participaba en una mesa redonda en la UNAM, y contra Cuauhtémoc Cárdenas, cuando marchaba en una manifestación de protesta por el crimen de Iguala. Leer más...

Consultas inconsultas

Los políticos decidieron que la manera de recuperar el respaldo de los ciudadanos era crear la consulta popular. La idea era presentar a los ciudadanos temas de trascendencia nacional para que ellos los resolvieran en votaciones.

 

Era una mala iniciativa. Los referendos y plebiscitos han sido tradicionalmente formas de imponer ideas conservadoras, populistas y, sobre todo, faltas de coherencia. En Estados Unidos, particularmente en California, han servido para evitar aumentos de impuestos pero sin recortar el gasto gubernamental. Las finanzas californianas son tan frágiles hoy precisamente por las consultas populares. Leer más...

 

Si lográramos un crecimiento de 5 por ciento al año en un período prolongado, el tamaño total de la economía podría duplicarse en 15 años. Aun si descontamos un crecimiento de la población de 1.8 o 1.9 por ciento anual, el país duplicaría su ingreso per cápita en 25 años.

 

¿Parece poco? Quizá lo es en un país en el que el 46.2 por ciento de la población padece pobreza y el 10.4 por ciento vive en la miseria. Pero esa duplicación del ingreso per cápita nos permitiría bajar la pobreza a la mitad.

¿Cuánto tendría que invertirse para crecer más, quizá 7 u 8 por ciento al año? Estas son tasas de crecimiento que durante períodos prolongados sólo ha alcanzado la China contemporánea. Pero los chinos invierten un 30 por ciento de su producto interno bruto. En el caso de México esto sería equivalente a 350 mil millones de dólares al año.

Para que tengamos una idea de lo que esto significa, el gasto público federal (que en este 2013 alcanzará un récord histórico pese a que los funcionarios nos dicen que vivimos en austeridad) llegará a 3.9 billones de pesos, o sea, 300 mil millones de dólares. Aun si el gobierno recortara todo su gasto, despidiera a toda la burocracia, suspendiera los servicios médicos, todas las clases en todas las escuelas públicas, y dejara sin subsidios la gasolina y la electricidad, los recursos públicos no alcanzarían para cubrir esa cuota de 350 mil millones de dólares.

Por eso es tan absurdo que nuestro gobierno siga limitando la inversión productiva privada en campos como la energía, o que gaste el dinero no en ayudar a los pobres, promover la educación o invertir en actividades productivas, sino en subsidiar el consumo de gasolina del 30 por ciento más rico de la población.

En estos momentos los mexicanos deberíamos estar impulsando toda la inversión productiva: pública o privada. La inversión extranjera no nos puede dar el empujón que necesitamos ya que sólo asciende a unos 15 mil millones de dólares al año. Pemex debería invertir más, pero sólo vende unos 115 mil millones de dólares al año. Aun si la Secretaría de Hacienda no saqueara a la empresa y la dejara en números rojos, no podría invertir más que, quizá, unos 10 mil o 15 mil millones de dólares al año.

¿De dónde pueden salir los otros 200 mil o 300 mil millones de dólares anuales? Sólo de los mexicanos. Únicamente nosotros podemos hacer inversiones individuales que sumadas nos lleven a estas cifras estratosféricas. Las inversiones deben venir de los chicos y de los grandes, de quienes nunca han tenido un negocio o de quienes son tercera o cuarta generación de empresarios.

Debemos desmantelar las restricciones obsoletas que dificultan o impiden las inversiones. No tiene sentido prohibir los capitales privados en petróleo crudo, gas, transporte de hidrocarburos o refinación de gasolina. Todos ayudan a generar actividades económicas y prosperidad. Debemos permitir que las empresas telefónicas ofrezcan televisión de paga así como las televisoras ya dan servicios de telefonía. Nadie podrá parar la convergencia digital. Dentro de una generación no habrá diferencia entre unos medios y otros. Lo importante es que haya reglas claras y que todos puedan competir en igualdad de circunstancias.

No podemos seguir permitiendo que los negocios pequeños en el norte y en otros lugares del país cierren porque los dueños son extorsionados. No podemos seguir prohibiendo la propiedad de extranjeros sobre predios en la frontera o en las costas, especialmente cuando los mexicanos son dueños de la mitad de San Diego, Houston y San Antonio.

El problema para México es que nuestros políticos han estado más en el negocio de evitar que de promover la inversión. Limitar ciertas áreas de la economía a sólo la inversión pública lo único que logra es que no se alcancen los potenciales de crecimiento del país. El gobierno tiene muchos campos de inversión que no son rentables para la empresa privada. La educación y la salud públicas, por ejemplo, no pueden ser el área de actividad de los capitales privados porque no pueden ser rentables. Si en lugar de invertir en esas actividades el gobierno quiere entrar en campos en que la inversión privada sí quiere y puede invertir, no estará haciendo más que desplazar y reducir la inversión total.

México puede crecer a una tasa de 5 por ciento al año. Podría de hecho lograr una expansión no muy lejana a la de China, de 8 por ciento, o Panamá, que ha crecido en los últimos años a un ritmo superior al 10 por ciento. Pero si realmente queremos crecer a esta velocidad, y reducir la pobreza al ritmo con el que lo ha hecho China, necesitamos eliminar las restricciones a la inversión productiva.

Es muy sencillo. Si queremos crecer 7 por ciento al año, necesitamos invertir de forma productiva 350 mil millones de dólares al año. ¿Cuánto tiene usted en la billetera?

 

Twitter: @sergiosarmient4

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