ASIGNATURA PENDIENTE

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La asignatura pendiente de nuestro país sigue siendo la misma de los últimos años: la seguridad. A pesar de todos los problemas que enfrenta México, que van desde las prohibiciones a la inversión privada en energía a la corrupción, el país ha logrado mantener una tasa de crecimiento razonable después de la crisis del 2009.

Para este 2013, y después de un registro de 4 por ciento en 2012, se espera que México crezca alrededor de 3.5 por ciento. Quizá un poco más. Este crecimiento no representa un nuevo milagro económico: hay que ser realistas sobre todo en un momento en que nuestro país está de moda entre analistas y empresarios internacionales. Pero la tasa sí es superior a las que se están registrando en muchos países del mundo. Si se logran reformas a fondo en materia fiscal y energética México podrá tener más inversión y mayor crecimiento, pero la mayor dificultad para el desarrollo de nuestro país en este momento es la inseguridad.

 

Hay quien piensa que esto no es cierto. México, dicen, ha estado recibiendo inversiones productivas muy importantes en los últimos años. Éstas han sido particularmente elevadas en campos como los electrónicos, la industria aeroespacial, los automóviles y las autopartes. De hecho, México se ha convertido en el principal proveedor de automóviles a los Estados Unidos desplazando a una potencia internacional como Japón. Claramente, nos dicen, los empresarios no se preocupan por la inseguridad en el país.

Estas inversiones, sin embargo, proceden de empresas grandes, muchas de ellas extranjeras. Las grandes firmas internacionales no mandan a sus dueños o principales directivos a trabajar a México sino que contratan la mayor parte del personal en la localidad. Los inversionistas no arriesgan así su tranquilidad o la vida en el país.

Para los pequeños empresarios mexicanos la situación es muy distinta. Estados como Tamaulipas, regiones como la Comarca Lagunera y ciudades como Acapulco están resintiendo serios problemas como consecuencia de la inseguridad. Muchos empresarios prefieren no invertir dinero fresco porque el éxito se recompensa no con una vida holgada sino con la angustia de las extorsiones, el secuestro y el homicidio. Hay zonas muy importantes de Tamaulipas, un estado que en el pasado fue reconocido por su prosperidad, que parecen hoy pueblos fantasmas. Muchos de los empresarios han malvendido sus casas y sus firmas y se han marchado. Otros mantienen sus negocios, pero envían a sus hijos a los Estados Unidos para estudiar o para fundar nuevas empresas.

Es cierto que la economía mexicana no ha dejado de crecer. Pero esto no significa que la violencia no represente un lastre. Si la delincuencia no estuviera aterrorizando a los pequeños y medianos empresarios, esos que forman la columna vertebral de la economía de cualquier país, seguramente estaríamos registrando tasas de crecimiento significativamente mayores a las que hoy han hecho que el país se ponga de moda entre las grandes empresas internacionales.

 

Twitter; @sergiosarmient4